La lectura accesible es una práctica que solemos asociar principalmente al sentido de la vista. Sin embargo, con la irrupción de los audiolibros, nos hemos dado cuenta de que la literatura puede disfrutarse de otras formas.

Esta diversificación de formatos no solo satisface los variados gustos de los lectores, sino que también se convierte en una herramienta indispensable para hacer del mundo un lugar más accesible para personas con discapacidad. Exploramos las opciones que permiten disfrutar de la lectura más allá de la visión.

La lectura accesible y más empleada 

Comencemos hablando de la lectura con la vista, el método tradicional que hemos relacionado siempre con la lectura accesible. No obstante, algunas personas con distintas discapacidades o trastornos pueden leer, pero les resulta complicado comprender y asimilar el contenido.

En tales casos, la adaptación del texto se convierte en una solución crucial. Hoy en día, existen herramientas capaces de transformar el texto escrito en un lenguaje más sencillo o adecuado entre ellas están:

Bionic Reading

Es una aplicación que resalta el principio de algunas palabras para facilitar su lectura, eliminando distractores y ayudando al lector a centrarse y comprender la información de manera más rápida.

A largo plazo, esta herramienta podría representar un avance significativo en pedagogía, beneficiando especialmente a personas con trastornos del aprendizaje como la dislexia.

Lectura fácil

Esta se basa en la aplicación de normas y reglas para simplificar los textos. Estas recomendaciones incluyen el uso de un tipo de letra clara y sin adornos, la organización y estructuración adecuada del contenido, frases cortas y sencillas, y un vocabulario de fácil comprensión. Además, se recomienda el uso de imágenes como apoyo visual.

Otra forma de hacer que la literatura sea accesible es traducir el lenguaje textual al lenguaje visual mediante el uso de pictogramas.

Estas imágenes forman parte de los Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación (SAAC) y tienen como objetivo aumentar la expresión y compensar las dificultades de comunicación.

Deben ser comprensibles sin necesidad de aclaraciones adicionales y estar compuestas por imágenes simples y de poco detalle.

Podemos leer con el tacto

Cuando la visión no está disponible o está deteriorada, el tacto se convierte en un aliado fundamental para la lectura, a través del sistema braille.

Este sistema, inventado por Louis Braille, permite a las personas con discapacidad visual reconocer letras y símbolos mediante celdas de seis puntos organizadas en tres filas y dos columnas.

El braille posibilita la transcripción de todo tipo de textos, desde libros, poemas hasta documentos, para que las personas con discapacidad visual puedan acceder a ellos.

Otra forma de acceso a la lectura para quienes no pueden ver es a través del oído, utilizando audiolibros.

Estos no solo brindan accesibilidad, sino que también tienen otras ventajas, como la posibilidad de realizar múltiples actividades simultáneamente, mejorar la concentración y la memoria, y enriquecer la experiencia de lectura a través de la interpretación del narrador.

A pesar de las virtudes de los audiolibros, en ocasiones sus características no pueden satisfacer todas las necesidades de las personas con discapacidad. En respuesta a esto, surge Daisy, un formato de audiolibro más avanzado que codifica la información de manera diferente para hacerla más navegable.

Con este sistema, los lectores pueden desplazarse cómodamente de secuencia en secuencia, buscar en el texto, colocar marcadores, navegar línea por línea e incluso regular la velocidad del habla sin distorsionar la voz.